Primera temporada del Astella Rock que cerraban con un considerable éxito de público y, sobre todo, de motivación para seguir adelante, porque, seas crítico o detractor, ha sido un gran impulso a la música gerundense.
Y como fin de temporada, un festival con un cartel, a priori, que prometía muchísimo.

Bastante puntuales empezaron los AladeCorb, con algún problema técnico, como una pantalla que alguien había pateado y roto antes de empezar.
Era la despedida de en Villa, no solo de AladeCorb, sino del mundo de la música, lo dejaba, y es una lástima que no fuera ante otro público. Los músicos de la sala lo supieron apreciar, pero el público, en general, no vendía a ver a los AladeCorb. Aún así, sonaron potentísimos, y Villa estuvo a tope.
El problema con Aladecorb, es el de siempre, dos guitarras tan diferentes en estilo y distorsión, formaron una bola de sonido a las tres primeras canciones, y en alguna más hacia el final. O van totalmente cuadrados, o es difícil de escuchar, y como no es ningún “core”, es difícil que se cuadren al milisegundo. Si a esto le añadimos que teníamos a Juanqui en buen estado vocal, pero no moral, las canciones no acaban sonando del todo bien, porque a pesar de estar bien de voz, si no está mentalmente convencido que lo puede hacer, tampoco lo clava, se auto exigió demasiado al componerlas. No sé si es ese punto de “tenemos una edad, lo hemos probado todo, y entre cambios, problemas, etc… no acabamos de arrancar, y nos estamos quedando sin fuerzas para seguir”.
La parte positiva quizás fue el que menos lució para el público en general, aparte de Ramón, que ya sé porque no ríe nunca, es un robot, no falla nunca, siempre al mismo nivel, siempre la constante del grupo. Y esta parte positiva es un setlist muy muy adaptado a un público que no era el suyo, eliminando las canciones más largas e instrumentales, el saber rehacerse de errores de uno mismo o del equipo sin que se note, y, sobre todo, ver como Victor G ha pasado de ser un niño con una guitarra que sabe tocar, a ser un músico. Poses que le salen ya de dentro, el disfrutar de la música le puede ya más que los nervios, tiene presencia, etc… Esta noche se perdía un batería, pero se ha ganado un guitarrista que tiene mucho por delante.

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La entrada de [Mute] al escenario coincidió con una mayor afluencia de público a la pista, ya sea por la hora, porque mucha gente tenía ganas de verlos o porque en la sala había Happy Hour y yo no me di cuenta. El sonido de la intro ya nos hizo presagiar que podíamos estar ante un muy buen concierto. Desde el inicio voces e instrumentos encontraron un equilibrio muy bueno que los acompañó durante todo el show. Esto permitió que [Mute] presentara una vez más sus credenciales al público gerundense mostrando cómo tiene que sonar en la actualidad una banda de Metal moderno, con un perfecto balance entre riffs, melodía, estructuras complejas y mucha creatividad. Por su parte, Víctor a las voces y Max a las guitarras nos mostraron una vez más que es igual si los haces tocar a la Bombolla, en el escenario grande de la Mirona o a la cubierta de un portaviones, que el espacio siempre se les quedará pequeño. Y Víctor no solo se meneó por el escenario como si estuviera haciendo una pista americana bajo las órdenes de Clint Eastwood, sino que también se mostró todo el rato muy comunicativo con el público, con un discurso muy político –que vaya con cuidado, que pronto lo pondrán a la lista de los terroristas más buscados-. Muy grande también fue la versión de “Breathe” de Prodigy, aunque después del concierto se oyeron opiniones para todos los gustos; la elección de una versión no siempre es sencilla, pero en este caso creo que empasta muy bien con la esencia del grupo.

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Después del que parecía el concierto de la noche, salieron Morphium al escenario, con muchas ganas, pirotecnia, acrobacias y tinta de calamar.
El volumen que ya estaba al límite con [Mute] aquí subió un punto más, y empezó a molestar, si a esto añadimos que tuvieron la peor sonorización de la noche, siendo una bola de sonido de principio a fin, acabó siendo el concierto que más cansó de aguantar hasta el final.
A nivel instrumental, muy bien, casi consiguen que la gente olvide que antes iban con dos guitarristas, y los “peros” que habían tenido a la batería, han quedado todos desvanecidos, hemos pasado del “sí, pero el batería…” al “eh, pues este batería podría estar perfectamente en…”.
A nivel visual, lo tienen todo muy estudiado y trabajado, y el resultado es muy bueno, pero claro, después de la teatralidad natural de Víctor y del ex-Morphium Max, se ve un poco artificial.
A nivel vocal (aparte del sonido) es donde más me decepcionaron. Sé que es la nueva dirección del grupo, después de la sobreproducción y sobresaturación de las voces de Àlex en el segundo disco, ya no esperaba entender nada, y así fue, pero cuando presentaron uno de los temas del que será el tercer disco, donde Alex solo ladraba, sin intentar cantar en ningún momento, me cayeron a los pies. Sé que es radicalizar las voces extremas para tener más contrapunto y distancia con las voces limpias, pero si para hacerlo tienen que sacrificar el simple concepto de cantar, no lo entiendo.
Y la voz que más controversia aporta, la de Laura, que a muchos los gusta el tipo de voz que tiene en este tipo de música, otras que si no entona bien… no tuvo la noche, y no sé si es que la pirotecnia deslumbró a gatitos despistados, pero tras el teclado se pisaron a muchos. Unos gallos iniciales le metieron el miedo en el cuerpo, que no hizo más que reproducir aquello temido, más gallos.
Un concierto que fue difícil de escuchar hasta el final, y más si no dejan de pedir que la gente se siente… lo puedes pedir dos veces, tres si no te hacen caso. Pero no veinticinco, si lo pides hasta la saciedad, estás condicionando el seguir tocando a que la gente te haga caso, y quizás no te han venido a ver a ti, o, simplemente, no tienen ganas de sentarse en un suelo sucio.
Si para la próxima, en lugar de tenernos durante diez minutos con el “absolutamente”, mientras piden que la gente se siente, nos ofrecen algo a cambio, no sé, algo así al azar como sacrificar al técnico de sonido en vivo, pues hostias, quizás me siento para ver el espectáculo.

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La presencia escénica de Dead Label contrastaba mucho con la que nos habían ofrecido hacía unos instantes Morphium. Un grupo irlandés formato por batería, guitarra y bajista/vocalista, ¿qué podíamos esperar? Pues este trío fue la sorpresa de la noche. Con toda la sobriedad ya expuesta se comieron el público y el escenario. Acompañados por Far’n Hate, habían venido a hacer unos bolos por nuestras comarcas, y creo que se llevarán hacia casa un buen puñado de nuevos fans. Con un sonido cojonudo, que en toda la noche solo pudimos disfrutar con ellos y [Mute], consiguieron crearnos un principio de lesión cervical que no fue además debido a la corta duración de su concierto.
Su Death Metal rocoso, con pocas floritures pero con arreglos y matices que sabían marcar la diferencia, nos descolgaron el cuello del resto de la columna en más de una ocasión. No contentos con esto también se atrevían a conducir alguno de sus temas hacia el monolítico mundo del Sludge con una forma de hacer, en ocasiones, similar a la de unos Illdisposed. Muy meritorio también el esfuerzo de Dan O’Grady para comunicarse con un público que no los conocía de nada pero que se fue calentando poco a poco con su gran show.

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¿Ya? ¿Por qué los buenos tocan la mitad que los otros? Perplejos nos quedamos viendo que Dead Label habían tocado lo mismo que AladeCorb y [Mute], y que Morphium sin parafernalias, pero sospecho que Morphium se nos hizo demasiado pesado, y nos quedamos con ganas de más Dead Label. Pero venían Far’n Hate y yo me lo había pasado genial las dos últimas veces que los había visto.
Empezaron a salir a niños al escenario, con instrumentos acabados de salir de fábrica… yo pensando que era algo de esto que hacen la gente de Girona, ayudando y apoyando a todo el mundo que lo necesita, dejando que unos niños tuvieran el placer de tocar en la sala grande de la Mirona. Y no, resulta que son los nuevos Far’n Hate, en Marc, y unos niños.
Como niños, no tienen actitud todavía para estar sobre un escenario, posturas artificiales, sí, pero les falta adquirir la postura ante la música, el respeto, lo más importante.
No tocan mal, lo hacen bastante bien, a pesar de que no son los Far’n Hate que conocía yo, clavados todos al milímetro que parecía que fuera un solo instrumento el que hiciera todo el sonido a la vez.
No habían hecho pruebas de sonido, y les falló algo de un bombo todo el concierto, no sé el qué, porque aparte de Morphium, el resto habían tocado con aquella misma batería y sin ningún problema. Hubieron infinitas paradas para intentar arreglarlo, cuando lo que se tiene que hacer es, vale, no lo has arreglado ni a la primera, ni a la segunda, pues adelante con lo que tienes.
En Marc intentó disculpar a los músicos entre las habituales paradas para charlar a sus maratones de obstáculos sobre el escenario. Un Marc que lo hizo bien, pero que cambia mucho cuando los compañeros tocan para su voz, a cuando él tiene que estar pendiente de todo el grupo.
Y después de infinitas paradas, acabaron de la peor forma que se puede acabar, con un batería cabreado que no se sabe centrar, un guitarra que se pierde y que deja de tocar pegando broncas a los técnicos de sonido… esto no se puede hacer, esto es no respetar ni a la música ni al público que te está viendo. Me vino a la cabeza una fiesta del Paranoia Metal Show, donde tocaban Insight (actualmente Insight After Doomsday), llevaban un par de años tocando juntos, hacían Black-death-gothic-progresivo, con canciones de 8 minutos y cambios constantes, tanto de ritmo como de estilo. Tocaron a ciegas, sin monitores, y cometieron menos errores en todo el concierto que Far’n Hate en una sola canción. Es actitud y concentración, es respeto, y actualmente a Far’n Hate no lo tiene, y a pesar de no conseguir que olvidáramos el concierto de MorphiuM, fue muy difícil no enviarlos a freír espárragos y quedarse hasta el final.

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Ivan Cateura – Lluís Batlle