Segunda degustación del libro “Haciendo Amigos” [CAST]

Aquí os dejamos con otra pequeña muestra de lo que será el libro de próxima aparición en todas las librerías y casas de empeños, “Haciendo Amigos“:

Capítulo 2: El bajista, ese ente que hay en los grupos para poder hacer chistes.

· Subcapítulo XI: Clases o categorías de bajistas.

       · Subsubcapítulo XI.3: Clasificación según su adaptación al hábitat del concierto.

                    · Subsubsubcapítulo XI.3.56: El bajista de cuello gallináceo.

En este capítulo ya hemos hablado largo y tendido de estos seres humanoides que, en casos muy concretos podemos llegar a considerar personas y que, en ocasiones muy muy muy especiales, podríamos considerar como músicos, aunque en este caso, todos sabemos que son guitarristas que no saben hacer buenos solos y por eso tocan el bajo*.

* Leed el subcapítulo VI: El mito del bajista que sabía música, programa especial fin de temporada de Cuarto Milenio.

En este subsubsubcapítulo en concreto, nos centraremos en ese bajista que todos hemos visto, pero cuyo comportamiento encima del escenario no se corresponde a ningún comportamiento humano lógico ni normal: El bajista de cuello gallináceo (no confundir con “El bajista muñeco cabezón”, del que hablamos en el subsubsubcapítulo XI.3.32).

Yo no suelo ver gente por la calle que haga esos movimientos con el cuello, ni en puestos de trabajo ni (supongo y espero) en ninguna posición sexual rara.

Así pues, ¿qué lleva al bajista a realizar esos movimientos espasmódicos? Si fuera un problema neuronal (sí sé que es lo que habéis pensado todos ya que estamos hablando de bajistas), ese comportamiento se daría también por la calle, en la vida normal (siempre teniendo en cuenta la distancia entre la vida normal de una persona cualquiera y la de un bajista*), pero, en principio, no es así, porque, como ya comentamos en otras secciones de este capítulo, suelen salir a la calle, tener trabajos (donde no hay que pensar, por supuesto) e intentar mezclarse y convivir con la gente normal.

* Leed el subcapítulo III: La vida y muerte de los bajistas… ¿Hace falta alargar tanto lo primero?

También podríamos considerar la posibilidad de que fuera un problema físico provocado por la altitud relativa respecto al nivel del mar en cuanto se suben al escenario… y aunque muchos de vosotros estéis pensando en bajistas que tienen ese comportamiento cuando tocan en pseudo escenarios a ras de suelo, no podemos descartar del todo esta posibilidad de un físico disfuncional o defectuoso. ¿Por qué? Bueno, primero por pura lógica, son bajistas, y segundo, a nivel más empírico, tenemos la prueba histórica irrefutable de que, tras la selección de niños según su físico que se hacía en Esparta, no quedó ni un solo niño que luego fuera bajista.

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Pues bien, la solución la encontramos otra vez de parte de la ciencia, del libro que escribieron los más de 50 médicos y especialistas en salud mental que analizaron a ese niño de cinco años que en lugar de decirles a sus padres que quería aprender a tocar la guitarra, dijo “quiero tocar el bajo”. Por desgracia, el niño falleció tras su disección en el área 51, pero nos dejó con esos estudios además de la importante diferencia semántica entre los que aprenden a tocar un instrumento, y aquellos que quieren tocar el bajo, puesto que a nadie se le ocurre decir “quiero aprender a tocar el bajo”, ni que se tuviera que estudiar.

Pues bien, se descubrió que, entre toda la interminable lista de problemas físicos y mentales que sufría el susodicho niño, además de la lógica depresión de cualquier ser que aspira a tocar un bajo, había problemas tales como asma, ansiedad, complejo de inferioridad, etc…

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Por lo tanto, podemos discernir que el problema es una falta de aire (físico o psicológico) y que, ese movimiento de cuello cual gallina pastando es, en realidad, una reminiscencia genética de antes de que los animales evolucionaran y poblaran la tierra, el típico gesto de animales acuáticos, sean peces, mamíferos o anfibios, sacando la cabeza para respirar fuera del agua. ¿Y por qué eso no sucede a otros músicos o al cantante* del grupo? Pues no podemos dar otra respuesta que no sea la de la evolución animal, o la falta de la misma.

* Capítulo 8: El cantante, ese ser que no diferencia un la menor del graznido de un cisne en celo, pero que en los ensayos enseña al resto del grupo a cómo tocar sus instrumentos.

¿Tiene solución? Sí, y además de la más lógica y humanitaria que es acabar con el sufrimiento del bajista y matarlo*, pero que tiene el problema para el resto de la banda de tener que contactar con varios bajistas e incluso hablar con ellos para fichar a otro, tenemos más soluciones.

*Epílogo II: Cómo deshacerse de un músico molesto o un bajista sin dejar pruebas.

Y es que, si os fijáis, ese comportamiento se da durante todo el concierto menos cuando el bajista se va con el batería a hacer sus posturitas, con el guitarrista a hacer coreografías o cuando el cantante lo abraza por el cuello. No sucede esto cuando se acerca al teclista*, por pura lógica, y es que no sabe quién es ese tipo ni qué está haciendo con los dedos, y por lo tanto, la incomodidad que siente es la misma y sigue moviendo el cuello, buscando aire.

* Capítulo 11: Los teclistas y el porqué todos se mueven como si fueran nachos: Nacho Cano o Nacho Vidal.

Como dijo aquel gran maestro escénico, Jack el Destripador, vamos por partes:

– ¿Por qué un bajista no hace esos movimientos de cuello cuando se acerca a hacer sus posturitas delante del batería*? La razón es bastante simple, con tan solo una mirada, se reconocen como seres afines dentro del microclima de una banda de música, perdidos (en todas sus acepciones posibles) entre músicos y gente que habla de cosas raras como escalas o acordes, y esa complicidad le da al bajista la tranquilidad suficiente para calmar la ansiedad de buscar aire. ¿O por qué creíais que siempre está haciendo posturitas delante de la batería?

* Capítulo 9: El batería, ese ente genéticamente incapaz de entender la frase “un momento de silencio, por favor”.

– ¿Por qué el bajista controla su cuello cuando se va hasta el guitarrista a hacer posturitas con él? Los estudios sobre el tema revelan que la razón tampoco es muy compleja, y es que, cuando el bajista llega hasta el espacio del guitarrista, se encuentra con un montón de artilugios esparcidos por el suelo, con botones, teclas, lucecitas… Es lo que una persona normal llamaría “las pedaleras”, pero que, para un bajista, son lo que serían las luces largas para un gato que cruza la carretera en plena noche: se queda ahí, pasmado y anonadado, aterrado en su interior, perdiendo toda capacidad de reacción.

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– ¿Por qué el bajista detiene el vaivén de su cuello cuando el cantante lo agarra por ahí (por el cuello)? En este caso, las razones son más complejas y variadas.

Para empezar, tenemos por un lado a un tipo vago y que se abandona a sí mismo como es el bajista (si no fuera así de vago, habría aprendido a tocar algún instrumento), y por el otro, tenemos a un cantante, que, como veremos en el capítulo VIII (8, para los bajistas), dedica el tiempo libre que tiene mientras el resto del grupo monta y desmonta el escenario a beber y a comer con amigos, o a ir al gimnasio mientras los otros componen canciones. Eso significa que está más gordo y/o más cachas que el bajista, en cualquiera de las dos posibilidades, siempre estará más fuerte. Por lo tanto, el bajista queda atrapado como ñu débil y famélico en las fauces de un cocodrilo mientras intentaba cruzar el río, y ahí se queda, con su triste vida a merced de lo que el cantante decida hacer con ella, por lo que ya no intenta ni luchar para conseguir más aire.

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Y en segundo lugar, tenemos otra situación como la de las pedaleras, donde se vuelve a quedar cegado cual gato con las largas, y es que, de golpe y porrazo, nota como aquella gente que está mirando al cantante, por proximidad, también le está mirando a él/ella y descubren la existencia del bajista. Y entonces es cuando piensa lo que todo bajista piensa en esa situación concreta: “a ver si después de tantos años, esta noche por fin voy a ligar…”, embargándole la esperanza y la emoción, olvidando su condición, tanto de bajista como de necesitado de aire.

Así pues, sí que hay soluciones para ayudar al bajista de cuello gallináceo en su condición, pero claro, antes de nada habría que preguntarse si alguien está dispuesto a ayudar a un bajista, y después hay que ver si te sale a cuenta, sea teniendo que buscar otro bajista por muerte del actual, o perdiendo esos ligues de cada concierto porque lo tienes pegado a ti…

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