RockFest Barcelona 2018 (07-06-2018): Kiss, Scorpions, Megadeth, Stryper…

Viendo la homogeinización de los festivales de este año ante aquellos tiempos del Lorca Rock y el Rock Machina, donde venían montones de grupos que jamás habían pisado tierras peninsulares o que costaba verles en directo, o del Download del año pasado, variado, con grupos modernillos y otros más veteranos, este año la península entera es la versión rockera de Marina d’Or.

No hemos ido a los tres días, no… si quisiera ver más abuelos de los que vimos ayer, iría a visitar a mi abuelo al asilo y no voy, pero mira, como la última vez que vinieron Kiss, me rompí la pierna el día anterior y no pude ir (gracias a la sanidad pública, no pude ir de conciertos en unos cuantos meses), pues me quedaba la espinilla, y mira, por hacer algo, pues nos vamos a pasar calor a Barcelona que lo tenemos más cerca que Madrid o Vigo

Llegamos a Santa Coloma poco antes de la una, bien por la organización el parquin ahí al lado, tenderetes de cerveza y lavabos portátiles a mitad de cola, mal no abrir un poquito antes, que si tienes que ponerte la pulsera ya entras con el concierto empezado.

Y así fue, al entrar, el amigo Schmier y los suyos ya estaban descargando sus clásicos en uno de los principales escenarios, aunque hubieran empezado con unos 20 minutos de retraso, igual que los Bourbon Kings en la carpa a quienes solo vimos cuando se presentaron en la carpa para las firmas (otro punto bueno para la organización, es un detalle para los fans).

Habíamos salido a las 11 de la mañana, por lo que tocaba comer. Los Bourbon Kings estaban en la dirección opuesta a los tenderetes de comida (variedad y comida que estaba rica rica… al menos los asados argentinos y similares, lo vegano no sabría deciros, pero quienes lo comían no tenían cara muy saludable), así que pasamos de ellos y nos fuimos a comer, con Destruction de fondo.

Como sabréis todos de nuestro amor por el Thrash… pues eso, que suena un tema, y nos parecen todos los otros igualicos. De todas formas, sin haber nunca ido a ver a Destruction, ya me los he encontrado en varios festivales, alguno de hace 20 años, y los cabrones no envejecen y suenan siempre igual de potentes y compactos, vete tú a saber si es que no será que son buenos en lo suyo, o que, efectivamente, resulte que todos los temas sean iguales.

Sin pausa siquiera, salieron Dark Tranquillity al escenario de al lado (genial esto de no tener al público media hora al sol entre grupo y grupo), y el primero que empezó con lo de “Good Night Barcelonaaaaa!”… nen, que son las dos del mediodía con 39º a la sombra, ¿qué noches ni qué narices?

Como en el Download del año pasado, no era su hora ideal, y más viendo a Mikael Stanne que se iba poniendo cada vez más rojo y al final parecía que iba a explotar, pero muy bien todos, como siempre, vamos. Iwers ya está más que acoplado al grupo y, de hecho, después de Mikael, fue el que más se dedicó a irse a la pasarela que de ese escenario que se metía entre el público y a disfrutar del cariño de la gente (que se entiende, viniendo de Tiamat, ahora ha descubierto que con otros tipos de música la gente grita y anima en los conciertos).

No sé si los que los seguís tenéis la misma impresión que yo, pero a cada año que pasa, noto su sonido en directo, tanto la música como la voz, un pelín más grave, no sé si es solo sensación mía o se preparan para cuando sean abueletes dedicarse al funeral doom… A ver, que tampoco les queda mal, pero a mí me lo parece.

El único “pero” vino de parte de los micros inalámbricos de Mikael, que jodieron las tres últimas canciones, aunque dudo que sea culpa de los micros y apuesto más por insolación repentina en sueco pálido, ya que iba cambiando de micro o acercándose al técnico del escenario, y este simplemente le daba la vuelta, le daba al botón del “on” y el micro volvía a funcionar. En la última canción, Mikael aprendió solito a darle al “on”, ya, de aquí a currar en Ikea montando muebles.

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Preparándonos para los Dead Daisies, descubrimos que había tanto una fuente para remojarse, como varios puntos con ventiladores y vapor de agua para apaciguar esa sensación de calor agobiante, lo que ayuda a pasar mejor tantas horas al sol.

Salieron The Dead Daisies con la actitud más rockera del día, con un Doug Aldrich a tope, pletórico, que se comió el escenario (casi literalmente, porque alguna croqueta por el suelo hizo), un Marco Mendoza que estuvo magnífico a los coros y ya de paso aprovechó a tocar el bajo, y John Corabi, que se ve que va al mismo peluquero que Steven Tyler. Llevan el pelo del mismo color, la misma mecha blanca, y hasta hace poco la misma perilla. Corabi ha dado un paso más allá y se ha dejado una buena barba, estaremos atentos a la sección de moda de las revistas de rock a ver cuál es el siguiente paso que da Steven Tyler.

Muy bien y muy compactos, actitud rockera a más no poder, posturitas, comunicación con el público, y una amplia selección de los mejores temas de todos sus discos. A lo que debo decir que, aunque a mí los dos últimos me hayan resultado aburridos, debo reconocer que hay tres o cuatro canciones que, en directo, mejoran lo suyo, y si esas las mezclas con temas como Mexico o Empty Heart con un magnífico sonido, pues nada, me callo y que quedo con un gran concierto.

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Aproveché a pasarme a ver a Brittney que estaba tocando con los Unleash the Archers en la carpa, y aunque la edad la trata mejor que a sus compañeros de grupos en lo físico, en lo vocal… ufff. Lo melódico bien, pero los aguditos y falsetes me destrozaron los tímpanos. También era que el sonido dentro de la carpa era como muy agobiante y, aunque no rebotaba, sí que hacía una especie de bola de sonido muy grave, con esos agudos que sobresalían demasiado ahí en medio… me volví para The Dead Daisies a pleno sol, pero mis tímpanos lo agradecieron.

 

Seguíamos con esos 15 minutitos de retraso en los escenarios principales que se mantuvieron bastante bien hasta el final del día, cosa que es de agradecer.

Les tocaba el turno a Iced Earth a quienes ya habíamos visto con Stu Block a las voces… y sigo la misma sensación de que cantando a lo suyo sería mejor que el intentar imitar a Matt Barlow de forma tan exagerada, y más cuando no llega a los agudos y hace esos falsetes que llegan a rozar el ridículo, como cuando un cantante con ambos testículos intenta imitar a Halford… pues eso.

Si a eso le unimos la falta de carisma que desprende… pues casi que me quedaría con Ripper Owens aunque no me encajara en esta banda.

El que no envejece ni queriendo es Schaffer, que está igual que hace 20 años, manteniendo actitud y compensando un poco al resto del grupo, que tocan casi como si se dieran cuenta que su momento pasó hace más de una década y que ya están ahí viviendo del cuento, con 20 años menos que los que hacen eso mismo, son los viejóvenes del metal.

¿Queréis poner a Iced Earth en festivales porque no deben de salir muy caros? Vale, pero poned algo interesante en otro escenario o ponedlos a la hora de comer, no a las cuatro de la tarde, que a esa hora no tienes ni ganas de darte una vuelta por la zona de tiendas. Hay que reconocer que es un detallazo que acaben con Watching Over Me y que lo hagan sin falsetes ni jodiendas.

Era el momento culminante del festival: Iban a tocar los Mojinos Escozíos, así que nos fuimos para la carpa a ver Insomnium. Al estar más rato en la carpa que tras salir por patas de ahí cuando tocaban Unleash the Archers, nos dimos cuenta de que, efectivamente, la carpa provocaba un efecto de bola de sonido con los graves y, además, aunque cuando entrabas parecía que se estaba más fresco, de golpe empezabas a sudar como el Sevilla de los Mojinos.

Entregados a más no poder y sudando como pollos, ahí estaban los Insomnium, entre un bola sonido que no dejaba diferenciar muy bien unas canciones de otras, presentando tus últimos discos de los que ya cuesta diferenciar unas canciones de otras. Ya hace siete años de ese espectacular “One for Sorrow” al cual no consiguen volver a acercarse en calidad y diversidad. Flaco favor les hicieron metiéndolos en la carpa, aunque el concierto no estuvo mal, al menos hasta la mitad, cuando nos fuimos a una de las zonas de vapor de agua a descansar y a escuchar esas bromas tan originales y novedosas que hace el Sevilla entre canción y canción de los Mojinos.

A ver, si no habéis estado nunca en un concierto de Mojinos Escocíos, id a verles, es divertido. Si queréis repetir porque os ha gustado el primero, esperad unos 5 o 10 años a que cambien un par de bromas, o te acabas sabiendo hasta el orden en que las sueltan.

Era el momento de Phil Campbell and the Bastard Sons… y ahora es cuando os demuestro que estoy muy mal de la cabeza. Me escuché el disco, y dije “bueno, estos de las sopas suenan como a Motörhead sin estar del todo mal”. Y ayer, me salen al escenario, empiezan a tocar… suena esa guitarra y, para mí mismo y mis adentros, me dije… “anda, fíjate tú que el Phil Campbell este no vaya a ser que coincida con el Phil Campbell de los Motörhead”.

Pues efectivamente, así es, y los Bastard Sons son sus hijos, a excepción del cantante, Neil Starr que estaría un poco ya demasiado crecidito. Y pobre Neil Starr, al que le tocaba recorrer el escenario entero, porque el resto se queda junto a papi y se pasan el concierto en tres metros cuadrados. Esta gente tocan metidos en una cabina telefónica y se les hace grande.

Ni la más mínima idea de cómo plantarse en un escenario, tocando juntos, estorbándose, no sabiendo lo que es una pose… vaya, los milenials del rock.

Temas que a los fans de Motörhead quizás les gusten, al resto del mundo, dudo mucho, y menos en directo, a pesar de las versiones de Silver Machine y Ace of Spades que no les quedaron nada mal.

En el escenario contiguo ya había mogollón de sillas para la orquesta que acompañaba a Sôber. Fueron de los primeros que se retrasaron un poco para cambiar de escenario aunque, a final de la noche, los retardos supusieron un total de 30 minutos, totalmente asumible con tanto grupo.

El “Paradysso” este que han editado con la orquesta… no está mal, y seguramente el disco sea el mejor para orquestar… pero no veo el disco ese entero en un directo. Y, de hecho, ellos tampoco. De ahí que hagan una buena selección de temas nuevos y antiguos (muy buena mezcla a mi parecer), la mayoría de los cuales quedan muy bien con los arreglos orquestales.

Cuarto grupo si no me descuento que saltó con lo de “Buenas noches, Barcelona”… no lo digo porque los de Santa Coloma se pudieran sentir ofendidos… lo digo porque… ¡Eh! Tío, de los treinta que estáis sobre el escenario, 25 lleváis gafas de sol. Los jovenzuelos de la orquesta siguen como pueden las partituras que no ven un pijo con el sol de caras… ¿Cómo que “buenas noches”?

 

Coñas aparte, grandísimo concierto de Sôber, de los que más he disfrutado (y los llevo viendo desde que tocaron en Cerdanyola del Vallés, un mes después de editar el “Morfología”), y gran aportación de la orquesta, jovenzuelos la mayoría que estaban disfrutando de tocar ahí y de la música. Iban moviendo la cabeza y algunos cantando las letras mientras tocaban.

Buen rollito también por parte de los hermanos Escobedo, aunque tanto Jorge como Antonio estuvieron demasiado tiempo enganchados al ventilador que les habían puesto. Aun así, con actitud y pose en el escenario, a esos tres, les quitas la orquesta, y el escenario de veinte metros se les hace pequeño, todo lo contrario al concierto que acabábamos de ver al lado.

Nos fuimos un ratito a ver a Tremonti, a ver si era igual de aburrido en directo que en disco… y no, mejora. Lástima que fuera el último concierto en la carpa cuando descubrimos que, desde la entrada de la misma, esa bola de sonido no era tal, y se podía disfrutar mejor de los conciertos. Sonaban muy compactos y los temas mejoran en directo, pero les falta actitud encima del escenario. Entre eso, y que los que sí van sobrados de actitud, Sôber, estaban teniendo un sonido realmente espectacular, increíble si contamos que era al aire libre, nos volvimos para el escenario grande.

No pasaron ni dos minutos del final de Sôber que comenzaron los primeros cristianos del día, Stryper, que, de hecho, llevaban como media hora ya ahí de pie esperando para descargar. El volumen subió una barbaridad respecto a las bandas que les habían precedido y no llevaba mis tapones para los oídos. Entre eso, la exageración de falsetes, y que en directo pasan olímpicamente de su disco que más me gusta, el que significó su retorno, “Reborn”, un poco más modernillo que sus fans acribillaron por eso mismo, pues nada, hora de cenar y de dar una vuelta por los tenderetes a comparar precios de cuernos para la cerveza.

Y si los cristianos van juntos a misa, de festivales también, y después de Stryper (de los cuales hay que decir que, a pesar de los aguditos y sin tener en cuenta el volumen excesivo sonaron muy, muy, muy potentes), salían Megadeth al escenario, primero de los grupos que jugaría con proyecciones en la pantalla trasera.

Si hace 25, 20 y 15 años se le recomendaba a Dave Mustaine que se pillara un cantante y que se dedicara a tocar la guitarra y a componer, ahora casi es una urgencia. A partir de la segunda canción la voz fue cada vez a menos, llegando hacia el final del concierto donde en Peace Sells no se escuchó nada en toda la canción, y en los estribillos se oía un grito de jabalí agónico “isshhh silss mmdshh msshh…. Isshh sills… mssfjj mmsld”.

Kiko Loureiro ha sido un acertado fichaje para tener algo de movimiento sobre el escenario y para ayudar en los coros a Ellefson, que tampoco está para muchos trotes.

Seguía el volumen excesivo y las proyecciones se habían convertido en un intento de volvernos epilépticos a todos, alguna canción tenía vídeo en plan historia gráfica de hostias y puñetazos (algo bastante recurrente en otras bandas, por lo que vimos), pero el resto era como para no poder mirar fijamente al escenario.

Los músicos bien, el setlist, también. Aunque a mí me sobren la mayoría de temas más nuevos, y con eso me refiero a partir del 93, los fans coreaban emocionados todos y cada uno de los que sonaban, por lo que no lo criticaré, al contrario. Pero entre una cosa y otra, a mí, fue uno de los conciertos que se me hizo más largo, aún con el sol pegando.

Ya les tocaba a Scorpions, que se hicieron de rogar un poquito, y de los cinco minutos de pausa, nos fuimos a 15, que no estuvo mal para poder situarse, ya que la mayoría de la gente había entrado con Stryper y eso estaba abarrotado.

Al final, les tuvimos que ver así como “ladeados” porque era eso, o irse a la otra punta del recinto, que empezaba a no caber ni una aguja. Bajó un poquitín el volumen que habían tenido Stryper y Megadeth, cosa que agradecimos muchísimo, y aparecieron Scorpions sobre el escenario entre proyecciones mega modernas y juegos de leds y luces que cuesta encajar mentalmente con los Scorpions.

Llevan ya unos cuantos años despidiéndose, de hecho, tengo amigos que se han casado, han tenido hijos y se han divorciado, entre los primeros conciertos de la gira de despedida y este. De todas formas, hay que reconocer que en ese primer concierto de la gira de despedida, no tenían tanta parafarnalia, Matthias Jabs estaba mucho más cascado (en esta ocasión no se le vio sufrir por el peso de la guitarra, corría e incluso hizo algún pequeño salto, que no fue grande para la humanidad, pero sí para la gente de su edad).

Entre el público se mezclaban niños de 4 o 5 años pintados a lo Kiss, con octogenarios de estos que echan una foto con el móvil y luego, para ver si la han hecho bien, se alejan un metro del teléfono y colocan las gafas a mitad de recorrido. Era una imagen curiosa así como entrañable. No fue la misma sensación que cuando salió Klaus Meine al escenario tras su último paso por el cirujano plástico… plástico hay… eso hay que reconocerlo, pero hostias, eso no es un estiramiento de piel ni un poco de botox, al pobre me lo han embalsamado en vida. Ha quedado un poco en una mezcla de Eduard Khill (buscad en youtube “el tío del trololó”), Carmen de Mairena y la duquesa de Alba (viva o muerta, para el caso da igual).

Klaus empezó un poco flojo, de hecho, como la última vez que lo vi, pero a los dos temas se puso a tono con The Zoo y ya llegaba donde debía con la voz. Andando ya era otra cosa, que se movió poco y, cuando se iba a la pasarela, veías a Matthias que se iba corriendo a acompañarle, cual joven dispuesto a ayudar a un ancianito a cruzar la calle.

Los de mediana edad que conocen los grandes éxitos de Scorpions, quedaron algo defraudados por tanta instrumental y medley setentero en este intento de retorno a la psicodélia de antaño que hacen últimamente los Scorpions. Pero es que los dos abueletes tienen que ir descansando, y eso se lo permite (en una de las instrumentales, sale un pipa a suplir a Rudolf). También en el larguísimo solo de Mikkey Dee, con la batería elevada con unos cables.

¿Mikkey Dee? ¿El de Motörhead? Sí, ese, y aprovechando que corría por ahí Campbell, le invitaron a subir y se marcaron una versión del Overkill en homenaje a Lemmy.

Buen concierto de Scorpions a pesar de que mucha gente echó de menos muchos hits (que Scorpions van sobrados de eso), pero gustó el típico detallito de hacer parte de Winds of Change en castellano y terminar con Still Loving You y Rock You Like a Hurricane con un Rudolf marcando musculitos y buena forma física pese a su edad.

Llegaba el momento culminante de la noche, donde se demostraba quiénes habían comprado la pintura para la cara en los chinos y llegaban al concierto de Kiss como músicos de Raw Black Metal tras varias horas al sol, y quiénes se lo habían currado más.

Empezaba lo que para muchos es uno de los mejores espectáculos del mundo, y es que cada canción tiene su pirotecnia, unos fuegos, un poco de sangre, plataformas elevadoras, tirolinas, etc… A ver, vale la pena pagar para ver este espectáculo ni que sea una vez en tu vida.

Dicho esto… y reconociendo que yo nunca he sido muy fan de Kiss, que me sé esos 10 o 12 greatest hits que tienen… encuentro que tampoco hay para tanto. Ahora mismo, Rammstein les supera con creces en espectáculo-espectacularidad, y seguramente también gente como U2 o Metallica.

Me gustó el concierto-espectáculo pero no tanto el concierto a secas, con un Paul Stanley que no para de hacer gallos cuando habla entre tema y tema, o que no llega ni a una tercera parte de las canciones que canta. Que digo yo, a ver… veamos… si son cuatro cantantes, y como demostraron, al menos Eric Singer y Tommy Thayer están en una forma vocal mucho mejor que Paul… ¿por qué se lo hacen cantar casi todo al pobre?

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Paul jodiéndome un magnífico selfie…

Un poco como la versión glammy de los Mojinos, la gente se sabía qué iban a hacer en cada canción y en qué orden… cosa que podría hacerles pensar en renovar un poco el repertorio. También el de canciones, porque el 90% de gente que estaba ahí, se sabía exactamente las mismas que yo, esas 10 o 12, y cuando tocaban otras, la gente aprovechaba para hacer un cigarro, comentar qué le parecían esos petardos de la última canción, etc…

Buena nota para Gene Simmons que, aunque sea un tío que lo ves en entrevistas y ya te cae mal, que lo que cuentan otros músicos de él, tampoco es que sea muy positivo, y que se le ve yayete al tío, aguanta como un campeón con la armadura esa que lleva, y aguantó perfectamente el que no se rompiera como debía la bolsa de sangre en la boca, cantando sin que se notara que se estaba medio-ahogando en sangre falsa, que estuvo escupiendo durante varias canciones.

Personalmente me esperaba más, pero quizás es que he esperado demasiado a verles y se nos ha pasado el arroz a todos, pero vamos, es una de esas cosas que hay que ver una vez en la vida, y más viendo a niños con la cara pintada coreando las canciones a hombros de sus padres, y señores mayores (70-80 años) con una sonrisa imborrable en su cara.

Mira, acabé yendo a este día del RockFest como para “hacer algo”, que no se dijera que este verano no me había asado en un festival a pleno sol, y salí bien contento de haber ido, buena nota en general para los grupos, y magnífica nota para la organización.

Texto: Lluís

Fotos: Disculpadlas, que están hechas con el teléfono y cerveza en la otra mano

P.D.: Los que digáis “Hostias, ¿por qué no se han quedado a ver TNT?”, pues porque nos quedamos hasta comprobar que no eran los TNT noruegos, si no un grupo de covers de AC/DC... y como ya estábamos cansados, decidimos irnos para casa sacrificando la asistencia al concierto de esa última banda que tanto innova en el mundo del metal, que ha provocado un antes y un después en el mundo de la música con su retorno como es Lujuria

P.D.(2): Nota para la organización: Muy bien tanto baño, pero visto lo que había ahí dentro, los tenderetes de comida mexicana quizás debáis pensar en prescindir de ellos para el próximo año.

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