Normalmente, en las críticas, se desarrolla el disco, se explica qué hay de bueno y qué hay de malo o pasable, y al final de la crítica se sacan las conclusiones finales o un pequeño resumen, añadiendo si es recomendable o no, así pues, empezaremos por el resumen final: No está tan bien como el primero porque es menos Pretty Maids, pero está bien que no sea tan Pretty Maids.

Y ahora, la explicación. De su debut homónimo comentábamos que era una versión algo más intimista de unos Pretty Maids, siendo curioso que Ronnie Atkins aportara la caña, y el joven del dueto, Erik Martensson (WET), la parte más melódica e íntima.

Pues bien, con este segundo trabajo han cambiado bastante las cosas, y la voz de Atkins dista mucho de esa voz rota que pasa a desgarrarse con Pretty Maids. De hecho, no se desgarra en ningún momento, e, incluso, podemos oírle cantar con voz melódica, sin romperla, algo poco habitual en él.

Por el contrario, Erik se muestra un poco más agresivo a las guitarras, dando todo ello como resultado un sonido que se diferencia muy claramente del debut y, por lo tanto, también de Pretty Maids. ¿Es mejor o peor? Podríamos decir que es distinto y quedarnos tan anchos, pero diremos que no engancha tanto como el anterior disco. Está claro que, por muy veteranos que sean, tienen que acoplarse a este nuevo estilo, pero nos dejan con buenos singles como “It Burns” o “The Final War”.

Lluís