Debutar con Drakkar ya es bueno, pero que tu segundo disco ya salga bajo el sello de AFM, te deja bien posicionado dentro de tu estilo musical, en este caso, el metal industrial.

Y es que tenemos aquí a un grupo alemán de metal industrial… no puedo ni contar las neuronas que os han estallado ante tal innovación dentro del mundo de la música… sí, a mí también.

La cosa es que su debut, ese “Licht An” no estaba mal, no lo suficientemente bien como para pasar a la abarrotadísima primera división del industrial alemán o Neue Deutsche Härte, pero sí como para tener en cuenta al grupo.

Les colocábamos estilísticamente entre Oomph! y Rammstein, bebiendo mucho de los primeros en cuanto a coros y estribillos. Pues bien, han decidido que un segundo disco era ya para demostrar una personalidad propia, alejándose de posibles comparaciones.

¿Y qué nos queda sin esas influencias? Pues el grupo más aburrido del metal industrial, no solo alemán, también de toda Europa, sin atreverme a internacionalizar más ese título porque, dentro del metal industrial, hay mucho colgado y raruno suelto.

Cuando suenan a sí mismos, tienen la misma personalidad arrolladora del yogur de fresa ese de antes de aparecer los yogures con fruta de verdad y tropezones, esos que nadie compra ni que valgan 20 céntimos y que solo sirven como antojo como colofón final de una noche de drogas y psicodelia (podéis probarlo, el resultado no está mal y mejora si lo sacudís bien fuerte antes de quitarle la tapa y lo usáis para untar un cruasán de chocolate recién salido del horno).

Si el segundo disco es la confirmación de una banda, en el caso de los Schattenmann van a tener que repetir curso y volver a hacer la comunión antes de otro intento de consolidarse.

Lluís XXIII