Sábado, día perfecto para un concierto aunque con la climatología tan adversa de la que disfrutamos en los últimos días: viento, lluvia, granizo, rayos, truenos y centellas, apetecía más quedarse en casa y hacer un maratón de series o lo que a cada cual le apetezca.

Seguimos con el plan original y nos fuimos a Bilbo a ver cómo se lo montaban los suecos Royal Republic que venían acompañados de los jóvenes Blackout Problems.

A las 22h salieron los de Munich con ganas de comerse el escenario y vaya si lo hicieron. Su rock alternativo con toques indie en disco no me había convencido pero en directo consiguieron engancharme, sobre todo con los temas Difference y Rome.

Se metieron al público en el bolsillo con su energía, gracias sobre todo al frontman, quien bajó un par de veces a cantar entre el público.

Para cuando empezaron los RR la sala ya estaba llena. Venían a presentar su nuevo y discotequero álbum: Club Majesty. Sí, habéis leído bien: “discotequero”, porque mezcla rock y disco de una manera muy inteligente, con unos ritmos que hacen que no pares de bailar con todo tu cuerpo: cabeza, hombros, cintura, cadera, brazos, etc.

Escuchad por ejemplo la buenísima Fireman and Dancer, (con la que, por cierto, arrancaron), Boomerang o Flower Power Madness y, si no os entran ganas de bailar como he descrito en la frase anterior, bueno, pues igual no os va la música disco.

Salieron perfectamente conjuntados con americanas rojas y pantalones negros y con todo dispuesto para que en el Kafe Antzoki todo el mundo se desmelenara. Tocaron el nuevo álbum prácticamente entero, solo se quedaron fuera Blunt Force Trauma y Bulldog. De sus 3 anteriores trabajos, tocaron entre otras: Tommy-Gun, Make Love Not War (If You Have To Make War – Make Sure To Make Time To Make Love In Between), When I See You Dance With Another, Addictive, para terminar con Baby.

El simpático Adam Grahn también bajó del escenario y se metió entre el público, haciendo las delicias de los que le pudieron ver de cerca.  

Una vez terminado el concierto y realizado el saludo de despedida, bajaron todos del escenario, se fueron a la barra, cogieron unos txupitos y se pegaron unos saltos entre el público. Y todavía les quedaba energía para sacarse fotos. Increíble.

En resumen, un concierto muy divertido con buen sonido y que hizo que nos fuéramos a quemar la noche bilbaína con una sonrisa en la cara.

Marijo