Me está costando esta crítica, ya que creo que es la primera vez que le tengo algún “pero” a un disco de Asha desde que los descubrimos, (sí, no diremos que nos gustan de toda la vida porque los pillamos tarde).

Y me está costando porque seguimos teniendo los mismos elementos en su música que tanto nos gustan: ese impecable detallismo en todos los instrumentos que se entremezclan para formar un todo. Cosa que puede sonar así, como ligera, pero que es la base de la música como arte, al menos, a mi entender: que una canción no sea una melodía, ni un ritmo, que sea un conjunto de elementos que te despierten algo que, por separado, o faltando alguno de esos elementos, no harían.

Quienes nos seguís habitualmente, sabéis que el prog, así como estilo puro, nos aburre profundamente si no hay un sentimiento detrás de las canciones que, además, al escucharlas, te lo transmitan y sientas en tu interior que tienen alma. Si además de faltarle eso, en lugar de un cantante de voz rota, le pones uno melódico, es muy probable que despellejemos el disco.

¿Qué nos pasa con Asha? Pues que sus canciones, a pesar de ser un metal progresivo sin complejos ni derivados, tienen esa alma, y que, a pesar de preferir voces rotas, no nos imaginamos una voz que encaje mejor en esa música que la del central de la selección danesa: Jacob Poulsen. ¿Por qué? Pues por lo que decíamos, es un conjunto de elementos que, como conjunto y en esa proporción y combinación exacta, te provocan ese sentimiento. Si cambiáramos la voz de Jacob por otro tipo de cantante, el conjunto se desmoronaría.

Ya entrando en el disco en sí mismo, tenemos tres singles clarísimos que siguen la línea marcada desde que Kike G. Caamaño encontró su complemento perfecto en Jacob: The Price of Progress, Circle Full of Feathers y Not Allowed to Evolve, título que podría aplicarse a muchísimas bandas que llevan muchos años haciendo lo mismo y que sus fans los crucifican si cambian lo más mínimo.

No es el caso de Asha, que nos presenta una novedad con este trabajo, pues el tema más largo del disco, y que da título al mismo, no es la instrumental donde se dedica a probar con elementos de otros géneros, como hacía en los anteriores trabajos, es en la siguiente, Cradle of Innovation, donde a pesar del título, introduce unas guitarras muy Van Halen y en Not Allowed to Evolve donde mete ahí unos toquecillos de country-blues y… algún sampler raruno.

Y vamos a por los “peros”, y es que son solo seis canciones, tres singles claros y tres temas (casi) instrumentales, lo que nos deja huérfanos de lo que, popular y comunmente se conoce como “chicha”. Nos falta por ahí una baladita, algún divertimento musical que nos sorprenda del todo y… algo, más canciones. Me acabo el disco y no me quedo satisfecho, no me ha tenido el suficiente tiempo con el corazón en tensión intentando asimilar los cambios y los detalles de cada canción.

Y ya, para terminar, sabiendo que, tras 14 demos, 18 discos y cosas varias y diversas, no parece que esto vaya a detenerse en breve, ni que le vayan a faltar ideas, ha perdido aquí una oportunidad de oro: Tras presentarnos a las hijas de ambos miembros en el anterior trabajo, hubieran podido seguir apareciendo disco a disco y tener un recuerdo histórico que poca gente puede tener.

Lluís XXIV