Aunque no les conozcáis, por el nombre ya os vais a sospechar ligeramente que esto no es un grupo de Raw Black Metal o de Funeral Doom… es power metal.

Son un montón de suecos (tres cantantes, tres guitarras, un bajista y un batería) que intentan recuperar el power metal épico de antaño, tras un primer disco que provocaba una vergüenza ajena de esas que te duelen hasta las tripas, con letras infantiles, coros yendo a buscar lo más obvio y música sencilla, primitiva, básicamente destinada a los cavernícolas del power metal, es decir, lo que serían unos Tierra Santa suecos pero con una voz femenina acompañando a las masculinas.

Un producto hecho, pensado y calculado para un tipo de público muy concreto, al que difícilmente se le puede llamar música.

Bien, ahora nos sueltan un segundo disco que voy yo… y me escucho.

A ver, hay que reconocer que no es ni tan empalagoso, ni tan asquerosamente programado para ser gustado. De hecho, hasta podríamos decir que las melodías folk-celtas de los primeros dos tracks, en combinación con el power, sí que le dan ese toque épico pretendido sin dar vergüenza ajena. Cosa que también tenemos en las baladitas del disco y en “Njord” de no ser por los coros tan sobados como sobrantes.

Las letras siguen sin mejorar, Brothers Unite todos os podéis sospechar de qué va, el resto, entre historias de vikingos contadas a niños de 4 años y canciones de “somos tope de heavys” con algún “in the sky” por ahí suelto, o sea, como decíamos, la versión sueca de Tierra Santa.

Seguro que lleváis cuatro párrafos preguntándoos si hacen falta tres guitarras o si con dos basta para hacer esta música… si os releéis lo de la simplicidad de la música y de los cerebros de sus fans, sabréis cuántas sobran…

Sigue siendo un producto con un público específico con chupa de cuero o parche a la espalda, pero, como mínimo, este segundo disco ya no es tan descaradamente programado para gustar a ese público.

Por cierto, los disfraces vikingos para los vídeos ya no son de Aliexpress, no se han gastado mucha pasta, pero ya no lloras de risa.

Lluís XXIV