Miércoles de invierno. Una tarde/noche marcada por la lluvia. Lluvia que no veía caer así en la ciudad de Barcelona desde hacía años. Así pues, lluvia y frío en un día laboral cualquiera para muchos, lo que convertía la visita de Alter Bridge en lo mejor del día, por supuesto, pero a la vez, un muy mal día para disfrutar de un concierto.

Cambio de sala de última hora. Del Sant Jordi Club a la Razzmatazz, la sala donde la banda de Kennedy y Tremonti, suelen actuar en los últimos años al menos. Menos capacidad pues, quizá por la fecha, quizá porque el último disco “Walk The Sky” no cumplía las expectativas de los fans. En cualquier lugar, un cambio de sala que vino acompañado de un cambio en los horarios, y que yo no tengo muy claro que llegara a todo el mundo.

Debo reconocer que en esta ocasión hice algo poco profesional. Yo también me hago mayor, y entre que me levanté a las 6h de la mañana para ir a trabajar y el diluvio que caía en el momento de la apertura de las puertas, decidí sacrificar los teloneros y apurar mi llegada a la sala lo máximo posible. Fue a la mitad de los americanos Shinedown cuando entraba por la puerta y observaba algo sorprendente, para mi al menos. No esperaba, la verdad, el público de Barcelona volcado con los teloneros. Volcado quiero decir, cantando, saltando y apoyando la banda americana en todo momento y hasta el final de su actuación. El público catalán suele ser de los tranquilos, de los que corean, cantan, y animan, sí, pero bastante a ráfagas, y nos reservamos para nuestro grupo favorito. ¿Pero con los teloneros? Incluso sabiendo que no son unos novatos jovenzuelos, pero durante la mitad de su actuación que yo pude disfrutar, quedó demostrado que calaron hondo con la sala, tanto por sus discos como por su representación en vivo llena de fuerza y energía. Fantástica actuación, liderada por su cantante y frontman Brent Smith, cumpliendo y superando con creces lo que se espera del grupo antes del cabeza de cartel.

Los preparativos sobre las tablas fueron más rápidos de lo normal y esperado, y las luces se apagaron para la entrada de Kennedy, Tremonti, Phillips y Marshall, unos diez minutos antes de lo que se esperaba. La intro “One Life” de su último disco, grabada, se hizo escuchar, para justo después empezar con los acordes de “Wouldn’t You Rather” y continuar con el combo “Isolation” y “Come To Life”. Todo iba bien, todo bajo control. Sonido impecable, juego de luces bestial y un grupo sobre el escenario más que consistente frente a un público que como siempre se entregó desde el inicio. Y todo continuó igual de bien hasta el final. Sonaron “Pay No Mind”, “Ghost Of Days Gone By”, “In The Deep”, “Cry Of Achilles” y “Open Your Eyes” entre otras y para mostraros un poco el abanico de temas de los distintos álbumes que nos ofrecieron.

Apostaría que el momento más álgido y cercano entre Myles y público fue en “Metalingus”, cuando el frontman hizo agachar a toda la sala para posteriormente hacerles saltar al unísono, acompañando la potencia de la canción. Acabada esta, vinieron “Godspeed”, “Addicted To Pain” y… y ya está, se despidieron y se fueron. Sin bis (aunque alguien quiera venderme que los cinco segundos de pausa entre “Metalingus” y “Godspeed” se conoce como bis. Una hora y treinta y seis minutos en mi reloj. Y adiós. Sí, hace unos años, esto era la duración media de cualquier concierto de Metal, pero hoy día el que menos se lo curra ya queda más cerca de las 2 horas que de la hora y media. Y más en grupos del nivel y la envergadura de Alter Bridge. No sé si por mi largo día desde las 6h de la mañana, no sé si por el cansancio, el temporal, el frío o el trabajo. No sé si porque en los últimos 3 años diría que he visto a Myles en directo 4 veces entre Alter Bridge y Slash, y la actuación de este día me pareció más distante y con menos interactividad. No sé si por la duración del concierto, por la falta de temas clave, por la inclusión de la mitad de los temas del último disco o porque aun ser mi actual banda favorita, empiezo a tener a Alter Bridge un poco sobado. No sé si porque ellos mismos se han dado cuenta que han encontrado la fórmula y más vale ser fiel a ella y tocar lo menos posible mientras funcione. No sé por cual de estos motivos o muchos otros que ya no escribiré, pero la actuación de lo que yo considero mi banda favorita del momento me dejó algo frío y decepcionado. Que nadie me malinterprete. La hora y media de concierto estuvo bien, todo sonó bien y la gente y yo disfrutamos, pero yo me fui con sensación de poco, espero más de Tremonti y Kennedy cuando me gasto 50€ por una entrada, qué queréis que os diga. Shinedown fueron sin duda los que sí se lo curraron y no dejaron a nadie indiferente.

Sergi