Proyecto número tropecientos treinta y dos mil, novecientos cuarenta y dos de George Lynch, intentando batir el récord de Dan Swanö de grupos en activo, en este caso, junto al vocalista Dino Jelusick de los Animal Drive y Trans-Siberian Orchestra.

Después de proyectos tan diferentes y diferenciados como Lynch-Pilson, Lynch Mob o Sweet and Lynch (ironía mode “on”), con ese pseudo prog para lucimiento personal y aburrimiento del resto de la humanidad, por fin, George Lynch, nos ofrece algo interesante (a nivel musical y que no tenga a ver con los líos que se monta cada vez que Dokken graba disco y quiere meterse ahí a cobrar royalties para volverlos a dejar tirados a primeras de cambio).

Hard rock que empieza con “Here Comes the King” con mucho regusto a Dio, en gran parte, por la potencia vocal de Dino, para luego ir derivando a temas más blueseros y/o progresivos, dejando ese toquecillo Dio más de fondo.

Es un disco para disfrutar tranquilamente, no es que sean todo medios tiempos, pero tampoco es que les sobre la potencia, y más con el blues predominando en muchos de los temas. Para mí, un poco más de cañita no le vendría mal, pero, tras tantos años de aburrirme con los discos de este señor, no me voy a quejar.

Gran trabajo de Dino Jelusick a las voces, creando melodías tremendas, llenas de fuerza y sentimiento, que nos recuerdan un poquito a un Jorn Lande en sus buenos tiempos, cuando nos ponía los pelillos de punta y no buscábamos si seguía vivo o si se lo había comido, cuando sustituían a algún miembro de la banda.

Sin bajista oficial (¿para qué?), completa la formación Will Hunt, batería de Evanescence (que, al final, resultará que es un grupo de gente buenísima con canciones para niños), que nos sorprende con esta capacidad para adaptarse a este sonido de Dirty Shirley.

Lluís XXIV