Hace años que Rob Zombie cambió la California de Hollywood por un pueblo viejuno al norte de Boston donde hace un frío de cojones, suponemos que para ambientarse mejor para sus películas de terror o, directamente, poder filmarlas en el patio de su casa.

Entonces, y tras varias y multitudinarias manifestaciones en California de chicas en bikini y patines pidiendo un músico de metal industrial con rastas al que le molaran las cosas de terror, apareció Davey Suicide con su banda homónima.

Después de un debut correcto, de un segundo disco pasable, y de haberse peleado con todas las discográficas y gente con la que ha tratado, a la prensa americana le sigue cayendo extremadamente bien y siguen destacando sus discos repletos de himnos… A ver, a casi cualquier canción le puedes meter un “Eh! Eh!” cantado a coro al final del estribillo… eso no significa que sea un himno.

Del segundo disco, “World Wide Suicide”, a parte de “Only Human” poco más se salvaba a menos que fueras un buen californiano y te hubieras puesto hasta los topes de todo. De su tercer disco, más experimental… lo que, cuando no eres un genio de la música, se traduce como “más raruno”, no se podía destacar nada, a pesar de que, como he dicho, la prensa americana dijera maravillas de ese disco.

El mismo camino sigue este “Rock Ain’t Dead” de este enfant terrible, también tatuador, que hace performances de terror, vestuarios góticos… y cosas varias, pero que, en lo referente a la música, volveríamos a la comparación con Rob Zombie, y es que son mejores directores de cine de terror que creadores de música. ¿Son especialmente buenas las películas de Rob Zombie? No. ¿Davey Suicide también es director de cine de terror? Ni de terror ni de nada. Pero la comparativa vale, mejores directores que músicos.

A destacar que este último trabajo es menos experimental que su predecesor, pero mantiene la línea de no tener ni una canción digna de destacar.

Lluís XXIV