No comentaré cuán original es en la actualidad sacar un disco homónimo… vamos a pasar directamente al hecho de que Gus G. ya no está con Ozzy, ha tenido más tiempo para preparar el nuevo trabajo y también para cambiar un poquito la formación.

No sabemos si el cambio de vocalista ha sido per se o por despido, pero ya no tenemos al sobrevalorado Henne Basse al frente del grupo (recordemos que entró en Metallium como super-cantante que venía de Brainstorm, buscad cuántos discos grabó con Brainstorm), y, en su lugar, tenemos a Herbie Langhans. Personaje pseudo-desconocido, vocalista de Beyond the Bridge, y que en los últimos años parece haber pegado un salto de calidad, o eso indica el hecho de que lo hayan fichado, en poco más de cinco años, Radiant, Whispers in Crimson, Voodoo Circle y, ahora, Firewind.

De hecho, todas estas bandas deberían haberlo hecho mucho antes, sobre todo Firewind, insistiendo en vocalistas de aguditos cuando eso ya quedó como anécdota en los 90.

Herbie es un cantante de la escuela Jorn Lande, quien, a su vez, viene de la escuela Dio, como podemos ver en canciones como Overdrive, que, si no son un homenaje a ese pequeño hombre y gran cantante, se les ha ido la mano con la influencia.

Por lo tanto, con esta voz más grave y rota, no puedes ir a tropecientos por hora, esperar que te siga y que quede más o menos bien.

Este nuevo disco de Firewind es más hardrockero que sus predecesores, con unas líneas melódicas que nos recuerdan ligeramente a Masterplan o al propio Jorn en solitario, aunque también mucho más guitarrero (pero mucho… mucho), no fuera caso que no se notara que quien manda no es Gus G.

Con todo ello, la etiqueta de “power metal” seguramente ya no les encaja, quedándoles mucho mejor algo como metal melódico con mucha presencia de la guitarra solista (pero mucha… muchísima).

Han tardado a adaptarse a los nuevos tiempos, y a tirar de buenos vocalistas en lugar de cantantes con renombre, pero parece que por fin retoman el sendero correcto.

Lluís XXIV