Lamb of God Lamb of God

Parece que algún miembro de Lamb Of God hace unos años pisó una mierda del tamaño de un diplodocus. Recordemos que el anterior álbum de este combo de Richmond venía precedido por unos serios problemas legales de Randy Blythe con la justicia de la República Checa. Pues bien, una vez superada aquella tormenta, el 2017 Chris Adler sufrió un importante accidente de moto que le apartó temporalmente del grupo. El 2019 esta “temporalidad” terminó convirtiéndose en un abandono definitivo de Lamb Of God. En algunas entrevistas, Adler dejaba entrever que estaba cansado de estar repitiendo siempre la misma fórmula. ¿Un poco exagerado quizás?

Pues parece que el tiempo puede terminar dándole la razón al bueno de Chris Adler. Lamb Of God han hecho aquella cosa que hacen muchos grupos cuando quieren indicarnos que están iniciando una nueva etapa: un disco homónimo. El resultado musical de este nuevo álbum viene a ser el que suelen mostrar muchos grupos veteranos plenamente consolidados, y el que ya nos dejaba entrever su ex-batería: una repetición de esquemas y fórmulas.

Mark Morton sigue creando riffs increíbles, y Art Cruz hace un notable trabajo en la batería – de hecho lo recomendó el mismo Chris Adler -, mostrando que sabe replicar bastante bien la potente personalidad que siempre ha tenido Lamb Of God en la sección rítmica. Los problemas que encontramos en este disco homónimo son principalmente dos: el conjunto huele a fritanga y a reciclaje, y es muy difícil encontrar un single claro que no puedas dejar de escuchar. Sí que encontramos cosillas interesantes, como la intro Stoner de “Chekmate” y algunos pasajes de “Bloodshot Eyes” y “On The Hook”, pero es insuficiente para un disco que esté a la altura del grupo que renovó el Groove Metal a principios de este siglo.

Nadie podrá discutir a Lamb Of God que siguen teniendo un directo espectacular digno de la primera línea de los principales festivales de Metal, pero compositivamente empiezan a mostrar síntomas de desgaste.

Ivan Cateura