12 años de carrera, 18 discos… esta gente se aburre un poquitín.

Se les clasifica como power metal o speed metal, cosa que te echaría para atrás si ya vienes avisado de que son japoneses y, realmente, hay demasiadas bandas que se parecen y que, entre la voz aguda (sea masculina o femenina), y la entonación japonesa, te producen bastante dolor de tímpanos.

A ver, aquí tienen una señorita también cantando con voz agudita y que, cante en inglés o en japonés, todo suena igual (a oídos de un no-japonés, claro).

Pero se distancian de cientos de otras bandas del género por varias cosas, algunas de las cuales los hacen más atractivos o, al menos, soportables para los no-muy-amantes-del-power.

Primero, tienen una voz rasgada y una gutural masculinas que combinan con la femenina melódica, predominando en algunos temas por encima de la voz femenina.

Violín que no es omnipresente, pero sí que atrae toda la atención en determinados momentos de las canciones, estando en todas ellas.

Y tercero, unos coros muy a lo Angra de los buenos tiempos, cosa que uno pensaría que sí que cuadra con la voz melódica (o chillona) femenina, pero no con las guturales y/o rasgadas… pues, también cuelan por ahí. Además, a esos coros los suelen acompañar teclados y violín, cosa que queda bastante bien.

No es ninguna obra maestra, y, además, por lo que se ve, prometieron sacar disco 100 días después del anterior, y casi que la pandemia les jodió las previsiones, de ahí el título… pero, aún así, mejor que muchos discos de power (japoneses o no japoneses) y, como mínimo, curioso de escuchar.

Lluís XXIV