Cytotoxin Nuklearth

Cuando el 26 de abril de 1986 los ingenieros del turno de noche llegaron a su puesto de trabajo en la central nuclear de Chernobyl, poco podían imaginarse que estaban a punto de protagonizar una jornada laboral que serviría de fuente de inspiración para un gran número de grupos de Metal extremo.

Han pasado más de tres décadas de esta catástrofe, y de entre todos los grupos que en algún momento u otro han decidido tratar esta temática, los reyes absolutos son los alemanes Cytotoxin, aunque solo sea por el hecho de que han decidido autoetiquetarse como “Chernobyl Death Metal”.
Hay que reconocer que después de tanto tiempo el tema Chernobyl sigue captando poderosamente nuestra atención, y no es para menos pues el peligro sigue latente bajo el nuevo sarcófago construido sobre el reactor nuclear número 4.

Y si una central nuclear podría definirse como una obra de ingeniería que combina técnica y brutalidad, Cytotoxin siguen esta misma premisa. Podríamos equipararlos a una banda más veterana como son los belgas Aborted en lo que refiere a contundencia, técnica y buena producción. Cytotoxin nos proponen temas frenéticos con constantes blastbeats, breaks, tappings, solos y riffs densos como el humo radioactivo que emanaba del núcleo de la central de Chernobyl impulsado por las temperaturas de 2.500 ºC.

Si alguna cosa echamos de menos en este cuarto álbum de Cytotoxin, es la presencia puntual a las voces del cerdo degollado con que habían contado con anterioridad. No sabemos si le han echado a la calle o es que la radiación gama ha terminado por afinarle la voz.

Si les quitamos el artwork, el nombre, la temática y los ruiditos de medidores Geiger crepitan en algunos tracks del disco, Cytotoxin siguen siendo un grupo a tener muy en cuenta, tanto si los que pretendemos es reventarnos las cervicales, como si lo que buscamos es música técnica de alta calidad.

Ivan Cateura