¿Cuántos de vosotros no tenéis un amigo que no sabéis ni nunca entenderéis el motivo por el que lo es ni por el que aún lo mantenéis? Yo creo que la gran mayoría de la humanidad tiene algún caso de estos. Yo también. Si analizas tu vida, siempre acabas encontrando a alguien que está ahí, que forma parte de tu vida, pero que por el motivo que sea, no esperas o no puedes esperar nada. Los motivos, varios y diversos: Porque tiene menos detalles que un Seat Panda, porque va a lo suyo, porque tiene una personalidad más bien reservada, porque tenéis intereses no muy comunes o porque básicamente es o se ha convertido en un gilipollas.

Avatar son para mi como ese amigo. Me caen bien, me resultan muy simpáticos y me gusta su música y su concepto. Esa teatralidad que le dan a su música, esa fuerza y al mismo tiempo humor que desprenden… les dan un toque especial y bastante único. Son originales. Me gustan. Son mis amigos y los quiero cerca de mí. Pero también es cierto que no me sorprenden día a día, disco a disco. Desde que los conozco, si soy honesto, han hecho cosas que me han gustado bastante, algunas mucho, cosas que me han llenado y que he valorado muy positivamente, pero tampoco no de manera exagerada, no para que se ganen ese rol de incondicionales. Espero sus noticias, sus novedades, sus nuevas ideas e idas de olla y me lo paso bien, sí, pero sin más, sin excesos, sin roces… digamos que, trasladándolo al ejemplo anterior de la amistad, no serían mis mejores amigos, o por lo menos, no serían aquellos con los que más tiempo de ocio invierto. Y no por falta de méritos, la verdad es que no podremos negarle a este quinteto sueco que exprimen sus retorcidas locas mentes para sacarles sonidos distintos, únicos, que destaquen por encima del resto de propuestas. Y lo logran, no lo negaré, pero no al completo, se quedan a medias.

Y este “Hunter Gatherer” no iba a ser la excepción. Es más, para mi incluso, este sería el trabajo de más difícil digestión de los últimos años, más aún incluso que su antecesor, “Avatar Country”. Avatar están dando claras vueltas de tuerca a su concepto, tratando de rizar el rizo de su propuesta musical, buscando la tecla del éxito definitivo… no tengo ninguna duda de eso, no son conformistas. Pero el giro de tuerca no acaba de tener la precisión adecuada, el rizo rizado se enreda, y las teclas pulsadas no los llevan a obtener el premio gordo. Pero el mérito lo tienen, Avatar trabajan duro para encontrar la fórmula de la amistad, la fórmula de la consolidación definitiva en lo más alto del pódium, y aunque solamente sea por eso, se merecen la paciencia, los ánimos y las felicitaciones que podamos dedicarles. “Hunter Gatherer” sigue sin ser el disco que busco ni espero o quiero esperar de ellos, incluso está un paso por detrás de las expectativas, pero el trabajo y la constancia, acompañados de su simpatía y mis encantos humanos (yo también pongo de mi parte), los lleva a seguir ser considerados mis amigos, formando parte de mi día a día y esperando oír de nuevo sobre ellos pronto… y mejor, espero.

Sergi