Ya avisábamos con su anterior cd, el Burn it Down, que habían ido cambiando mucho de miembros, y que ya no quedaba ningún ex-Guns’n’Roses ni ningún ex-Mötley Crüe, quedando solo ex-Dio, ex-Whitesnake y Glenn Hughes en sí mismo.

¿Y qué? ¿No son tan buenos músicos o incluso mejores? Musicalmente hablando, en lo que se refiere estrictamente a la capacidad de hacer sonar notas en cierto orden, sí, son tan buenos o mejores que los que ya no están.

Pero… si hablamos de hard rock molón, hablamos también de todo lo que lo rodea, sean mujeres, drogas, alcohol o todo a la vez. ¿Qué tiene de bueno ser un ex-Guns o un ex-Mötley? Que sabes de dónde sacar cotillón del bueno para inspirarte bien…

Hace ya discos que han perdido el contacto de los camellos buenos y les da cosa llamar a sus antiguos colegas en plan; “oye, ¿te acuerdas de mí? Sí, que te eché del grupo hace unos añitos… esto… ¿no tendrás por ahí el teléfono del que pasaba esa mierda tan buena?”.

Fijaros en Papa Roach, grandes aprendices de Mötley Crüe, no solo en el sentido musical, también en el lúdico-festivo. Su último gran disco fue el genial Metamorphosis, que coincidió con que fue la última vez que Jacoby anunciaba que entraba en un centro de rehabilitación DESPUÉS de grabar el disco. A partir de ahí, los anuncios de que Jacoby entraba en rehabilitación se daban entre gira y disco, y así les ha ido.

The Dead Daisies nos ofrecen otro disco más, técnicamente impecable, pero monótono y aburrido desde la primera a la última canción.

Dudo mucho que volvamos a escucharles temas que te hagan saltar el corazón como Empty Heart, que te hagan mover los pies como Mexico o te hagan sentir vivo como Song and a Prayer.

El rock está muriendo, y es por culpa de las drogas, pero por la falta de ellas.

Lluís XXV