¿Sabéis esa clase de persona que va contando historias, vivencias y/o anécdotas varias, en primera persona, como si las hubiera vivido de verdad, pero que en realidad no son todas del todo exactas o ciertas? Todo empieza por una vez que hay una situación, se convierte en experiencia, la empiezas a contar a tus más allegados y la estos muestran interés e incluso parecen disfrutar con los detalles. De allí, que esa persona (o ese tipo de personas) va en busca de otras experiencias similares o equivalentes, para empezar a construir su propio imperio anecdotario, pero nada; de vez en cuando aparece algo, alguna chorrada o estupidez, no de envergadura suficiente como para convertirlo en historia explicable. Lo jodido viene en este punto, en el que uno empieza a relacionarse con otras personas que sí tienen mucho que contar y, de alguna manera, casi inconsciente (o medio consciente medio inconsciente, para ser más precisos) se empieza a apropiar de partes de esas historias, formando un collage de vivencias que nunca jamás le ocurrieron en primera persona. Con todo ese material ya procesado, ya hay para volver a atraer a su público y el cuentacuentos vuelve a la carga, esta vez con un mix de historias, medio verdad medio inventadas, medio primera persona medio heredadas de otros. Y, oye, que las anécdotas suenan sólidas y convincentes, suenan verdaderas, con pocas brechas o exageraciones que les quiten su credibilidad. Pero, cuando entras en una espiral, no es fácil salir de ella, y llega un punto que incluso tu público se cansa de ti, y quieres atraer a nuevo público, y readaptas tus historias para llegar algo más allá, haciéndolas más aptas para todos los públicos, pero aunque no hay duda alguna de que son jugosas e interesantes, el amigo, el personaje en cuestión, acaba haciéndose cansino. Demasiadas historias similares, demasiadas repeticiones, demasiado protagonismo… buenas historias, sí, pero ya faltas de espontaneidad y originalidad.

Algo así me ha pasado con dEMOTIONAL y este “Scandinavian Aftermath”. Para mí, el personaje en cuestión sería dEMOTIONAL, la primera gran vivencia, su debut discográfico “State: In Denial”, las historias de por medio sus siguientes álbumes “Tarassis” y “Discovery”, y el intento de llegar a algo más de público, con buenas intenciones e ideas, sería este cuarto disco, “Scandinavian Aftermath”, que como he intentado transmitir en la comparativa anterior, es un buen álbum, más que correcto, con buenas canciones y una buena base, muy sólida, pero largo, pesado y repetitivo, más pensado para nuevo público que para el cosechado desde su debut. Sería un sí pero no. Más sí que no debido al poco nivel discográfico general de los últimos 2 años. Más no que sí, debido al afán de insistir en repetir y explotar fórmulas hasta la saciedad. Lo hacemos constantemente, todos los estilos han pasado por esto, y algunos de ellos no han conseguido levantarse. Veamos cual es el futuro del Modern Metal y del Metalcore, pero va hacia un final extremadamente previsible.

Sergi