En 2017 sacaron ese Der Rote Reiter que rompía todos los esquemas de la evolución que había llevado el grupo des del Have a Nice Trip, combinando death melódico, folk y unos estribillos agresivos, melódicos y rápidos, pasando a ser temas más folk melódico por un lado, y temas de death mínimamente melódico por el otro… teníamos más o menos la mitad del disco de cada.

Y, sin saber qué esperar del nuevo disco, nos llega por fin este The Divine Horsemen.

Ahora preguntaréis: ¿Vuelven a lo que hacían hasta ese doble disco Tief.Tiefer.? Pues no, y aunque me encantó y maravilló esa década con cuatro fantásticos discos, el quinto, el Tief.Tiefer. demostró que esa línea ya no daba para mucho más, de ahí el cambio con el siguiente, el Der Rote Reiter.

Entonces, ¿siguen con eso? Pues tampoco, porque, a pesar de ser un cambio, usaban los mismos elementos: folk, death melódico… mismas bases, mismos sonidos, pero combinado distinto, y tampoco daba para mucho más.

¿Y qué han hecho? Pues no sé si seré capaz de explicarlo con palabras, porque la ida de olla es mayúscula… A ver, el Roots de Sepultura fue una reinvención del grupo y una revolución yendo a buscar el folk de su tierra e incorporando esos ritmos tribales y ese peculiar sonido a su música, ¿no? Pues bien, ahora tomad el concepto, tened en cuenta que estos tíos están muy colgados (no hay más que ver o asistir a algún concierto suyo para saberlo) y pasadlo por el filtro de alguien que dice ser ciudadano del mundo atemporal…

¿Y eso qué mierdas significa? Pues que han pillado folk y ritmos de todo el mundo y de todas las épocas, con temas como Tiki que es uno de los más normales, incorporando lo que se supone que era música y ritmos mayas a la música de Die Apokalyptischen Reiter, aunque en otros como Ymir, que por el nombre ya podemos suponer que es folk nórdico, ya directamente han ido a por el black metal, ya que es la referencia de esa temática en esas tierras. Pero eso son temas concretos en medio de lo que predomina: Temas atmosférico-contemplativos que se limitan a imitar esos ritmos tribales de culturas distintas, dejándonos con canciones lineales y aburridas como Inka que, además, dura 9 putos minutos.

Es una cosa muy rara este disco, hay que ser muy fan del grupo o que te vayan mucho las drogas de diseño para poder disfrutarlo. Es un experimento de esos que el grupo dice “hemos hecho lo que nos ha apetecido, no hemos ido a intentar gustar a nadie” y, por una vez en la historia de la música, es verdad.

Lluís XXV