Tercer disco de estos suecos que alguien etiquetó de metalcore cuando aparecieron en 2016, cuando esa etiqueta seguramente ya les quedaba grande y, con el paso de los años, se ha demostrado que lo suyo es más bien todo lo contrario.

Ya con su segundo disco, el White Flag, nos quedamos así un poco con la cara desencajada en plan “no puede ser, han saltado del metal alternativo al pop en solo un disco”, y esperábamos que lo remediaran en este tercer disco, ya que lo que nos vino a la cabeza, fue la imagen esa de Ace Ventura en el tanque de los delfines, esa de “¡Capitán, no… tenemos… potencia!”.

Pues no, y escuchando el disco en profundidad, no es que no les salga, es que no quieren, pueden hacer bases poperas con voz rasgada y alguna gutural como en Holy Water, pueden hacer lo contrario, una base rítmica y unas guitarras plenamente de metal alternativo pero cantando en plan niñato de colleja como en Jericho, o directamente te sueltan un medio tiempo o una balada electrónica donde estás esperando a que entre el autotune y Chimo Bayo de invitado.

Sí que tenemos alguna canción salvable como Renegade, con una base potente y donde la voz no da vergüenza ajena, pero en conjunto es un disco de pop-metal destinado a adolescentes a los que les gusta por igual el disco de versiones de Metallica, Skillet o Shakira.

Lluís XXV