Ya hablamos del “The Blood on the Wall”, cuarto disco en cuatro años de existencia, que sacaron el año pasado… por lo que, si tenéis la mayoría de dedos en las manos y unos mínimos conocimientos de matemáticas, seréis capaces de contar que este es el quinto en cinco años.

Decíamos de ellos que tenían una primera canción casi absurda, de pegar gritos sin sentido, y el resto del disco que iba bastante en la onda de unos Korn (en el disco de versiones que sacaron hace unos meses en confinamiento pandémico había hasta tres versiones de Korn, por si alguien dudaba de nuestro criterio musical), y que, a partir de ese nu metal kornero, nos íbamos hacia el groove, lo industrial u otros.

Pues bien, parece que se han cansado de que se les compare con Korn y han decidido recuperar el supuesto estilo que marcaba ese primer track del The Blood on the Wall, es decir, a pegar gritos sin sentido sobre música entre industrial y numetalera.

El resultado es un absoluto desastre con temas que empiezan con alguna melodía chula o un ritmo molón, y que se cargan a base de berridos pseudo-blackies, pseudo-gorriniles-deathcoreros y pseudo-thrashies, dependiendo del estado de las cuerdas vocales del gritador o pseudo-cantante.

La parte positiva es que ya dudo que nadie les vuelva a comparar con Korn

La otra parte positiva, un poquito al menos, es que en el octavo track, (Un)happy, se fumaron unos cuantos petillas (escuchad la canción y veréis como el ritmo del disco se hunde de golpe y eso suena a un puñado de hippies tocando en la playa), y a partir de ahí tenemos algunas canciones escuchables, como las dos que vienen a continuación, Involuntary y the $tich, y la que cierra el disco, Dollface… más melódicas y más Korn, pero que ya no te quitan el dolor de cabeza del resto del disco.

Lluís XXVI